Pascua

La Pascua celebra la resurrección de Jesucristo al tercer día después de haber sido crucificado, según se relata en el Nuevo Testamento de la Biblia. Es la celebración más importante de la Iglesia cristiana.

La Pascua es también conocida como Día de Pascua, Domingo de Pascua, Domingo de Resurrección, Domingo de Gloria o Domingo Santo.

Con la Pascua finaliza la Semana Santa, días en los que se conmemora la crucifixión y muerte de Jesús el Viernes Santo y se celebra su resurrección y aparición ante sus discípulos el Domingo de Pascua.

Con la Pascua inicia un periodo conocido como Tiempo Pascual, que dura cincuenta días, y que finaliza el Domingo de Pentecostés.


Pascua año 2024

12/05/2024

«Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.» Nuestra Fe cristiana es una Fe testimonial, es decir, una Fe que está basada en el testimonio de sus miembros, que relatan lo que ellos mismos han visto, oído o experimentado.

Pero este testimonio viene además avalado por toda una serie de señales, toda una serie de pruebas que nos da el mismo Dios.

Estas señales van desde los más grandes milagros, empezando por la misma Resurrección de Cristo, hasta las pequeñas señales que todo cristiano, si está atento a ellas, va descubriendo en su propio día a día, que le van demostrando la complicidad, ternura y compañía fiel de Dios en su vida. En esta unión Creador-creatura se da la particularidad más grande y excelsa de nuestra Fe cristiana que es el Amor.


05/05/2024

Esta frase tan hermosa la pronuncia Jesús justo a continuación de pedir a sus discípulos guardar sus Mandamientos. Alegría y Mandamientos parecerían una contradicción en términos, si los contemplásemos desde un punto de vista meramente humano. Sin embargo, debemos recordar que es Cristo quien nos habla de Mandamientos. Nuestro mejor Amigo. Aquél que nos amó -y nos ama- hasta dar la vida por nosotros.

No nos dice esto cualquier persona. Nos lo dice Dios. No debemos, pues, contemplar la noción de Mandamiento como algo relacionado con la tiranía humana, que tanto daño hace. No. Dios está en las antípodas de toda tiranía humana. Dios nos hizo libres y desea, como nos dice en el Evangelio de hoy, aumentar hasta su máxima plenitud nuestra alegría. Por eso nos da sus Mandamientos que, lejos de esclavizarnos y amargarnos la vida, nos hacen libres y nos dan la llave a toda felicidad y alegría verdaderas.


28/04/2024

Dios es la savia de toda vida humana. El hálito de toda vida humana es el aliento de Dios. Sin Dios, no existiríamos. Y seguimos vivos porque Él nos mantiene con vida.

No podría ser de otra manera. Por eso, el ser humano que rechaza a Dios es como el pescado que no sabe que es gracias al agua en que vive y se mueve que sigue con vida. En cuanto sale de ella, empieza a boquear y a dar síntomas de asfixia.

Así ocurre con nosotros, seres humanos. En Dios nos movemos y existimos. Fuera de Él, estaríamos muertos. Si el alma rechaza a Dios, aunque el cuerpo siga con vida, porque así lo mantiene Él, el alma se asfixia, ya que no recibe la savia que le da vida. «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos.» Los sarmientos que se separan de la vid caen al suelo y se secan. Una vez secos, son apartados y quemados. Nosotros, como sarmientos, debemos permanecer por tanto unidos a la vid, que es Cristo, para poder seguir vivos y dar frutos de vida eterna.


21/04/2024

«Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil.» Esta afirmación de Jesús en el Evangelio de este domingo no siempre es bien comprendida. Fijémonos en lo primero que dice: «Tengo». Es decir, esas ovejas son también de Jesús, pero están fuera del redil de su rebaño, que es la Iglesia, y por ello «también a esas las tengo que traer.» No habla de dejarlas fuera, aunque sean suyas, sino de traerlas al redil de la Iglesia. Jesús quiere a todas sus ovejas juntas, no esparcidas.

«Y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.» Un solo rebaño y un solo Pastor. No varios rebaños y un solo Pastor. La oveja que quiere seguir a Jesús tiene, por tanto, que unirse al resto del rebaño, que es la Iglesia. Jesús la ama y la reconoce como suya, pero esa oveja tiene que entrar al redil, para que, dando su vida por esa oveja, pueda completarse «este mandato (que) he recibido de mi Padre».


14/04/2024

La Resurrección de Cristo es un hecho tan histórico como su propia existencia terrenal, de la que han quedado muchísimos vestigios históricos y arqueológicos, así como los propios testimonios personales. Más de quinientos testigos pudieron ver a Cristo resucitado. No fue cosa de unos cuantos apóstoles o discípulos. Y se apareció en cuerpo glorioso, no sólo en espíritu.

Pero el propio asombro de estos testigos les dificultaba a veces creer en lo que estaban viendo, como dice el Evangelio de esta semana. De ahí que el mismo Jesús les pidiese algo de comer para demostrarles que no se hallaban ante una simple visión y hasta les pidiera palparle, para que pudieran comprobar su naturaleza física. «Vosotros sois testigos de esto.» Y en este testimonio personal se fundamenta la proclamación de nuestra Fe.


07/04/2024

Los dos mayores atributos de Dios son la Justicia y la Misericordia. Ambos atributos van de la mano. No se pueden separar. La Misericordia de Dios no consiste, por tanto, en que Dios haga la vista gorda ante el pecado, porque esto le convertiría en injusto.

Lo mismo que veríamos injusto a un juez humano que fuera parcial ante determinados delitos, Dios no puede «prevaricar» contra su propia Ley.

La Misericordia de Dios consiste en que Dios perdona al pecador arrepentido que acude a Él. Ese arrepentimiento, si es sincero, se tiene necesariamente que traducir en un propósito de enmienda. Pero en esa enmienda, uno puede estar seguro de poder contar siempre con la ayuda de Dios que, como caudal, brota incesantemente de la llaga de su costado, traspasado en la Cruz por amor a nosotros.



31/03/2024

Resucitó de veras nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Cristo vive! ¡Cristo ha resucitado! Porque Cristo vive, porque Cristo ha resucitado, hay esperanza. Existe la vida eterna. Cristo, con su Resurrección, así nos lo demuestra.

Se podrían decir muchas cosas hoy…. Sólo una basta: tener Fe. Creer en la Buena Nueva. En nuestra Fe en Cristo está nuestra ancla, nuestra esperanza y toda nuestra fortaleza para estos tiempos tan convulsos que nos ha tocado vivir.


Pascua año 2023

VIII DOMINGO DE PASCUA:
SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

28/05/2023

A través del Espíritu Santo que recibimos en el momento del bautismo, nuestra vida toma una dimensión sobrenatural, al quedar desde ese momento unidos sacramentalmente a Cristo. En ese momento Dios infunde en nosotros las tres virtudes teologales en las que se basa la vida cristiana, que son la fe, la esperanza y la caridad.

Estas tres virtudes se nos dan como gracia -es decir, no las podemos lograr por nosotros mismos-, a través de los Sacramentos (de ahí la importancia de frecuentarlos) por la acción del Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo, por tanto, no sería posible la vida de fe, ni la esperanza, ni la caridad. Es Él quien actúa en los corazones, quien santifica y transforma la vida de las personas, quien las mueve a amar y a hacer actos de valor.


VII DOMINGO DE PASCUA:
SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

21/05/2023

Jesús ascendió al Cielo. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que nosotros estamos abajo y necesitamos ascender también para poder llegar al Cielo. El camino que Jesús nos indica es ascendente. Debemos caminar hacia arriba. Por tanto, todo aquello que contribuya a elevarnos espiritualmente como la oración, los sacramentos, la lectura de la Palabra, los pequeños esfuerzos y sacrificios de nuestra realidad cotidiana ofrecidos a Dios, nos ayudarán a caminar en la buena dirección.

Vii Domingo de Pascua

Todo aquello que, en cambio, nos mantenga apegados a esta realidad terrenal, dificultará e interferirá en nuestro camino al Cielo. Por eso la Iglesia nos señala a la carne, al mundo y al demonio como los tres grandes enemigos del alma. Los apetitos y concupiscencias de la carne, el espíritu materialista y racionalista de este mundo y el demonio, nos hacen mirar constantemente hacia abajo, hacia esta realidad pasajera, para entretenernos y hacernos perder de vista la Meta de nuestra vida, que no es otra que la de ascender al Cielo, ascender al Padre por medio de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Jesús ascendió al Cielo. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que nosotros estamos abajo y necesitamos ascender también para poder llegar al Cielo. El camino que Jesús nos indica es ascendente. Debemos caminar hacia arriba. Por tanto, todo aquello que contribuya a elevarnos espiritualmente como la oración, los sacramentos, la lectura de la Palabra, los pequeños esfuerzos y sacrificios de nuestra realidad cotidiana ofrecidos a Dios, nos ayudarán a caminar en la buena dirección.

Todo aquello que, en cambio, nos mantenga apegados a esta realidad terrenal, dificultará e interferirá en nuestro camino al Cielo. Por eso la Iglesia nos señala a la carne, al mundo y al demonio como los tres grandes enemigos del alma. Los apetitos y concupiscencias de la carne, el espíritu materialista y racionalista de este mundo y el demonio, nos hacen mirar constantemente hacia abajo, hacia esta realidad pasajera, para entretenernos y hacernos perder de vista la Meta de nuestra vida, que no es otra que la de ascender al Cielo, ascender al Padre por medio de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.


VI DOMINGO DE PASCUA CICLO A
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama.»

14/05/2023

¿Cómo podemos demostrar nuestro amor a Dios? Haciendo su Voluntad y cumpliendo sus Mandamientos. El mismo apóstol San Juan, autor del Evangelio de este domingo, escribirá en su Primera Carta: «Si decimos que estamos en comunión con Él y caminamos en las tinieblas, mentimos y no procedemos conforme a la verdad.» Es decir, no podemos decir que amamos a Dios si después hacemos todo lo contrario a lo que Él nos pide…

VI DOMINGO DE PASCUA

Si amamos realmente a Dios, tenemos que estar en comunión con Él y cumplir aquello que Él nos pide. Hoy en día se vuelve más necesario que nunca recordar algo tan básico, porque se ha pervertido el concepto de Misericordia para dar a entender que uno puede amar a Dios caminando en dirección opuesta a sus Mandamientos, y esto, tal y como nos señala el propio San Juan Evangelista, no es verdad.


V DOMINGO DE PASCUA CICLO A
«Yo soy el camino y la verdad y la vida.»

07/05/2023

Jesucristo no se define como un camino más entre otros, ni como una alternativa más entre otras tantas para llegar a Dios Padre, y por tanto al Cielo. Jesucristo se define como la única vía posible. “Nadie va al Padre sino por mí.” Y no se dirige con ello a unos cuantos que quisieran atender a su llamado, sino a todos los seres humanos, ya que Él no vino a traer la Redención a unos pocos, sino a todo el género humano.

Este camino lo concreta en una Iglesia construida sobre el apóstol Pedro y en unos sacramentos, a través de los cuales recibimos su Santo Espíritu. Esta Iglesia está formada por piedras vivas, que somos todos y cada uno de los bautizados en Cristo, cada uno con sus virtudes y sus defectos. Todos podemos ser un apóstol Juan o un apóstol Judas Iscariote. Cada uno elige la respuesta a la pregunta que nos hace: “¿También vosotros queréis marcharos?”


IV DOMINGO DE PASCUA CICLO A
«Y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.»

30/04/2023

«Y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.»

El buen pastor llama a cada oveja por su nombre, es decir, conoce a cada oveja de manera personal y única. Y no sólo las conoce, sino que las ama, también de manera personal y única. Para Dios no somos números, no formamos un lote. Cada uno de nosotros es conocido y amado por Él de manera única y personal.

«Y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz». El alma conoce a Dios, porque ha sido creada por Él y para Él, y reconoce su voz. No así nuestro intelecto humano, que trata siempre de anteponerse al espíritu. De ahí la necesidad de alimentar constantemente ese espíritu con la oración y los sacramentos para mantenerlo fuerte y sano, y con ello ser siempre capaces de reconocer la voz del buen pastor, que no cesa nunca de llamarnos a Él.


III DOMINGO DE PASCUA CICLO A:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

23/04/2023

Todas las apariciones de Cristo resucitado tienen el objetivo principal de demostrar, de convencer a aquellos descreídos apóstoles y discípulos que la Promesa que Él había hecho antes de ser crucificado se había cumplido: hay vida eterna porque Cristo ha resucitado. Este es el mensaje principal de todas esas apariciones, que son históricas, no inventadas, ante más de quinientos testigos diferentes. Cada una de esas apariciones tiene después su propio mensaje añadido.

Ni los discípulos de Emaús, ni la Magdalena, ni los propios apóstoles reconocen de primeras a Jesús… ¿Por qué? Porque Jesús se les aparece a todos con cuerpo glorioso, con carne glorificada. Su aspecto ya no es el mismo. Pero siempre acaban reconociéndole por algún otro aspecto concreto. Nosotros mismos, al igual que los discípulos de Emaús, podemos llegar a reconocer la presencia de Jesús en nuestra vida por el ardor, por el fuego, por el entusiasmo con que su presencia nos llena el corazón.


II DOMINGO DE PASCUA: FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

16/04/2023

El Evangelio de este domingo nos lleva al momento en el que Jesús instituyó el Sacramento de la Reconciliación o Confesión. Con gran sabiduría, la Iglesia celebra hoy la Fiesta de la Divina Misericordia, a raíz de aquel mensaje transmitido por Jesús a Santa Faustina Kowalska, animándonos a confiar en el Perdón de Dios y a acudir sin temor al Confesionario, que Él mismo llamó el «Tribunal de mi Misericordia».

El Evangelio de este domingo nos lleva al momento en el que Jesús instituyó el Sacramento de la Reconciliación o Confesión. Con gran sabiduría, la Iglesia celebra hoy la Fiesta de la Divina Misericordia, a raíz de aquel mensaje transmitido por Jesús a Santa Faustina Kowalska, animándonos a confiar en el Perdón de Dios y a acudir sin temor al Confesionario, que Él mismo llamó el «Tribunal de mi Misericordia».

Dios quiere derramar en nosotros esa infinita Misericordia suya, pero hemos de acudir al lugar donde esta divina Misericordia se nos da. El Perdón de Dios lo tenemos al alcance de la mano porque Él está deseoso de dárnoslo, pero hemos de ir a buscarlo al lugar donde Él nos lo puede dar.

No se nos pide una peregrinación complicada ni hacer una obra de infinito esfuerzo para ello, pero sí una sola cosa: el arrepentimiento sincero de los pecados. El que acude con sinceridad al Tribunal de la Divina Misericordia, sale de allí, no sólo con el Perdón de Dios, sino con su Paz y Alegría en el corazón.


DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
«Él había de resucitar de entre los muertos»

09/04/2023

Cuando los enemigos de Cristo creen que triunfan, es cuando pierden. En la Resurrección de Cristo lo que se pone de manifiesto es que Dios es verdaderamente el que vence. En el Viernes Santo los que reían y celebraban la «victoria» eran los enemigos de Cristo, el demonio. En la mañana de Pascua quien celebra la Victoria es el Amor y la Justicia.

Si los apóstoles dudaron de si Dios estaba con Cristo cuando le crucificaron, ya no pudieron dudar más cuando le vieron resucitado. La Resurrección es la prueba indiscutible de que Dios está con Cristo y de que el mensaje de Cristo es el verdadero. La Resurrección de Cristo es además la prueba definitiva de la vida eterna. Existe la vida eterna. Hay una vida después de la muerte. No podemos tener ni la más mínima duda acerca de esto.

Aquellos apóstoles le vieron resucitado, le escucharon, le tocaron, comieron y hablaron con Él… Y ellos acabaron dando testimonio después con su propia vida de esta gran verdad, que no es una verdad inventada porque necesitemos creer en ella, sino que es una verdad basada en el testimonio de aquellos que fueron testigos directos de ella.


VIII DOMINGO DE PASCUA
Solemnidad de Pentecostés: «Recibid el Espíritu Santo»

05/06/2022

El Espíritu Santo nos llena del Amor de Dios y al llenarnos de Él, nos impulsa a anunciar a los hermanos ese Amor, cada uno según su propia vocación. Los religiosos contemplativos con su vida de silencio, de oración, de intercesión por el mundo, con su testimonio de amor inmenso a Jesucristo… Los misioneros en los países lejanos de misión, anunciando el Evangelio, etc.

La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo no son el final de la Obra de Salvación de Cristo, sino que ésta culmina cuando, sentado a la derecha del Padre, Jesucristo envía en Pentecostés sobre María y los Apóstoles el Espíritu Santo, completando la Obra de Redención. Es decir, el Espíritu Santo es el que culmina en nosotros toda la Obra de Dios.

El Espíritu Santo es una Persona. La tercera Persona de la Santísima Trinidad, que, con el Padre y el Hijo, comparte una única naturaleza divina, que manifiesta su divinidad por el Poder con el que actúa, que se da a nosotros para vivir en nosotros y que, a través nuestro y a través de la Iglesia, se comunica a todo el que abre su corazón a la Fe en Jesucristo.

Tal y como nos muestra el Evangelio de este domingo, es Cristo Resucitado quien da el Espíritu Santo a los Apóstoles y al resto de la Iglesia, porque, al estar lleno de la Gloria de Dios, que es el propio Espíritu, desde esa plenitud, nos lo comunica sin medida. ¿Cómo lo recibimos nosotros? A través de los Sacramentos, empezando por el Bautismo. ¿Cómo lo expulsamos de nosotros? A través del pecado.

Nuestra naturaleza humana está siempre inclinada al pecado. Por eso Jesús nos dejó los Sacramentos. Cuánto más nos acerquemos a ellos, más llenos estaremos del Espíritu Santo y con mayor facilidad podrá éste actuar en nosotros, transformando nuestras vidas y transformándonos a nosotros mismos.


VII DOMINGO DE PASCUA
Solemnidad de la Ascensión de nuestro Señor al Cielo

29/05/2022

«Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.» Jesús se despide ascendiendo al Cielo. Con esto nos muestra el camino que debemos seguir, lo que tiene que ocurrir también con nuestras almas al final de esta vida: deben elevarse al Cielo, deben volar como una paloma hacia el Señor. Pero, ¿acaso hemos visto alguna vez a una paloma con morral o con maleta?

VII Domingo de Pascua

Un ave jamás vuela cargada. Jamás veremos a una paloma con un colchón al hombro o algo así. La paloma no carga nada, está libre. Pues así tenemos que hacer también nosotros: liberarnos de todas esas cargas que lastran nuestra alma. Si nosotros no comenzamos desde ahora a bajar todo el peso que llevamos encima, en el momento de la muerte, en lugar de ascender, nos iremos hacia abajo, porque no podemos subir con tanto equipaje.

Tenemos que empezar a analizar cuáles son los apegos más grandes que tenemos. Es normal querer a las personas, es normal tener afecto hacia determinadas cosas, es normal sufrir si esas personas o cosas importantes para nosotros desaparecen de repente de nuestra vida, pero lo que no es normal son las ataduras, los apegos, las esclavitudes emocionales que nos hacen totalmente dependientes o esclavos de ellas.

Y las peores ataduras son, sin duda alguna, las del pecado. Esas son las ataduras que más daño nos hacen, las que más esclavizan y destruyen al ser humano. Si lo que nos une a esas personas o cosas es una relación de tipo pecaminoso, con mayor motivo debemos resolverlas desde ya, porque esos son los peores lastres que podemos llevar encima. No se puede volar atado a un grillete.

Aunque a priori pudiera parecernos imposible superar determinados apegos, con Cristo sí se puede, porque lo que es imposible para el hombre no lo es para Dios. Él puede vencer cualquier cosa. Es a Él a quien debemos recurrir para empezar a transformar nuestra vida, a liberarnos de cargas y ataduras, a volvernos sencillos y humildes, desposeídos de todo, para que un día nuestra alma pueda volar ligera como una paloma hacia la Casa del Padre.


VI DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
«El que me ama guardará mi palabra»

22/05/2022

VI Domingo de la Pascua de la resurrección del Señor

La Lectura de este domingo trae un tema muy recurrente a lo largo de todo el Evangelio, que siempre conviene recordar, especialmente en los tiempos que vivimos de tanta confusión, incluso en el seno de la propia Iglesia Católica: amar a Dios consiste principalmente en obedecer a Dios, en hacer su Voluntad, en guardar su Palabra y sus Mandamientos.

«Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.» Jesús insiste: es Dios Padre quien desea especialmente ser amado de esta manera. «El que no me ama no guardará mis palabras.» En otro momento del Evangelio llega incluso a decir: «No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos».

Jesús reitera este mensaje a lo largo de todo el Evangelio: amar a Dios consiste en hacer lo que Dios pide. Si decimos que le amamos, pero luego predicamos con nuestras palabras, con nuestros actos, con nuestro propio testimonio de vida cosas que nada tienen que ver o incluso llegan a estar en ocasiones en contraposición directa con los Mandamientos que nos ha dado, mentimos.

Así de rotundamente nos lo recordarán también Apóstoles de la talla de San Juan y de San Pablo en sus diferentes epístolas. Amar a Dios consiste en predicar y practicar de manera íntegra el Evangelio que Él nos ha dado. Y esto es importante recordarlo en una época en la que muchas de las cosas que se están aceptando como «buenas» o «lícitas» a nivel social y global, están totalmente reñidas con la Voluntad de Dios.


V DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
«Como Yo os he amado»

15/05/2022

V Domingo de la Pascua de la Resurrección

A medida que Jesús fue apareciéndose a sus discípulos después de su Resurrección y antes de su Ascensión al Cielo, fue enseñándoles muchas cosas referentes al Reino de Dios. Les enseñó en concreto en qué consistía la Vida Nueva que tenían que vivir, que es vida en esta Tierra, pero que es vida ya de Cielo, haciendo presente aquí en la Tierra -por la fuerza de su Resurrección y el poder del Espíritu Santo- el Reino de los Cielos.

Y esto es precisamente lo que vamos aprendiendo nosotros también durante todo el tiempo pascual. Vamos aprendiendo a vivir la vida divina, a vivir la vida en el Espíritu, a vivir la vida del Cielo ya aquí en la Tierra. Podemos vivir una vida divina siendo simples seres humanos porque por el poder de la Resurrección del Señor, Él nos ha obtenido el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios que entra en nuestra vida y la transforma profundamente. La eleva, haciendo de ella no ya vida humana, vida natural, sino Vida de Dios en nosotros, y nos hace capaces de ser uno con Dios ya en esta vida. Esta es la Gracia tan inmensa que nos ha traído la Resurrección del Señor y el don de su Espíritu.

Y en el pasaje del Evangelio de este domingo, el Señor nos habla de la esencia de esa vida divina: el amor. Esta es la gran enseñanza del Evangelio de hoy: lo más importante es el amor. Decía San Juan de la Cruz que «al atardecer de la vida nos examinarán del amor». «Como Yo os he amado, amaos también entre vosotros.»

Pero cuidado, porque es muy frecuente hoy en día falsear la palabra «amor». Para que no llamemos «amor» a lo que no es, Jesús nos da la clave: «Como Yo os he amado». El amor natural, carnal, humano, es filantropía. Jesús no pide filantropía sino caridad cristiana. Jesús nos pide amar «a lo divino». Hay que amar como Dios, con el Amor de Dios, y buscando lo que Dios quiere.


IV DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
El Buen Pastor

08/05/2022

La parábola del Buen Pastor remarca que no sólo es necesario creer en Jesús para ser cristiano, sino también -y sobre todo- dejarse conducir por Él. La oveja, a diferencia de la cabra, es un animal dócil e indefenso, que depende del pastor y se deja conducir por él.

En nosotros convive siempre el riesgo de considerarnos «creyentes», para después hacer las cosas «a nuestra manera», confeccionándonos una religión «a la carta», dejando los ingredientes que nos interesan, pero descartando aquellos que no nos gustan. Dejamos entonces de ser ovejas para convertirnos en cabras. La cabra tira para el monte, hacia donde le interesa. La oveja, en cambio, sigue al pastor.

La parábola sugiere que hay un vínculo de conocimiento mutuo muy fuerte entre el pastor y sus ovejas: se conocen, se distinguen con facilidad de otros pastores y de otros rebaños. Y es precisamente este vínculo tan fuerte el que garantiza, el que asegura que en esta relación con Jesús, nuestro Buen Pastor, no vayamos a ser arrebatados de su mano.

La obediencia y docilidad hacia el Buen Pastor no vienen del «borreguismo» ni del servilismo. Esa obediencia y docilidad vienen de una experiencia interior, de saberse uno conocido y amado por Dios, nuestro Buen Pastor. Y también de saber que fuera del redil, entre las zarzas, estamos mal y tenemos la amenaza de los lobos.

Que fuera del redil nos hacemos daño a nosotros mismos y hacemos daño a otros, porque dejamos de ser ovejas para convertirnos en cabras. No olvidemos nunca que al final de los tiempos vendrá el Buen Pastor y separará a las ovejas de las cabras, poniendo a unas a su derecha y a las otras a su izquierda, es decir, manteniendo a su lado a las ovejas, pero apartando de su presencia a las cabras.


III DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
«Es el Señor»

01/05/2022

«Los discípulos no sabían que era Jesús»… La Presencia de Jesús resucitado es una presencia misteriosa, con un aspecto que debía ser bastante diferente a su aspecto de antes de la Pasión, ya que sus discípulos no Le reconocen. No Le reconocen los propios Apóstoles, no Le reconocen los discípulos de Emaús, María Magdalena Le toma por el hortelano… Su aspecto es diferente.

III Domingo de Pascua

La Humanidad resucitada de Jesús tiene la capacidad de cambiar de aspecto. Esto ya de por sí es una gran prueba de que son verdaderos los relatos que nos hablan de su Resurrección, porque, si los evangelistas se hubiesen inventado la Resurrección y hubiesen querido convencernos de ella, no dirían que Jesús tenía otro aspecto, que nos hace dudar… Nada más fácil para ellos que decirnos que Jesús tenía exactamente el mismo aspecto que antes de su Muerte.

Pero ellos nos dicen la verdad: tenía otro aspecto. Pero Juan reconoce al Señor. ¿Por qué? Porque para reconocer a Jesús no basta con mirar con los ojos del cuerpo. Hay que mirar con los ojos de la Fe y con los ojos de un corazón. Con un corazón limpio. Entonces es cuando reconocemos a Jesús.

Lo mismo nos pasa a nosotros hoy en día. Para reconocer la Presencia de Dios, la Presencia de Jesús en nuestras vidas tenemos que mirar con los ojos de la Fe, con los ojos del corazón, con un corazón limpio. Entonces reconoceremos a Jesús. A Jesús no Le vamos a ver con el aspecto que nos presentan en las pinturas o en las películas.

A Jesús Le reconoceremos en los pequeños o grandes detalles de nuestras vidas observando, discerniendo y mirando más allá de la simple apariencia. Trascendiendo la realidad material y mirando con ojos espirituales, con los ojos de la Fe y del corazón, no con los del cuerpo. Entonces nos pasará lo mismo que al Apóstol Juan: caeremos en la cuenta de que «Es el Señor».


II DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR: FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

24/04/2022

Este domingo celebramos la Fiesta de la Divina Misericordia, instituida por San Juan Pablo II en el año 2000, luego de la canonización de Santa Faustina Kowalska. El mensaje de la Divina Misericordia es muy sencillo: Dios es Amor, Dios es Misericordia, y está deseando derramar esa Misericordia sobre nuestras almas. Es una llamada a confiar en esta Misericordia de Dios, a no huir de ella, a acercarnos sin miedo al único sitio donde podemos recibirla: al Sacramento de la Confesión.

Jesús llama «Tribunal de la Misericordia» al Confesionario. El Confesionario no es un sitio donde se nos señala con el dedo sino, muy al contrario, es el lugar donde el alma arrepentida recibe el Abrazo de Dios y el Perdón de sus pecados. En el Confesionario no es el sacerdote en realidad quien nos perdona los pecados, sino el mismísimo Jesús a través del sacerdote. El sacerdote nos da la absolución «in persona christi», es decir, en el nombre de Jesús.

“Cuando te acercas a la confesión, a esta Fuente de Mi Misericordia, siempre fluye sobre tu alma la Sangre y el Agua que brotó de Mi Corazón. En el Tribunal de la Misericordia tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente… Basta acercarse con fe a los pies de Mi representante. Yo Mismo te espero en el Confesionario, sólo que estoy oculto en el sacerdote, pero Yo Mismo actúo en tu alma. Te confiesas ante Mí; el sacerdote es para Mí sólo una pantalla.

No analices nunca de qué clase de sacerdote Me estoy valiendo y abre el alma al confesarte como lo harías Conmigo, y Yo llenaré tu alma con Mi luz. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud”.


DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
«Él había de resucitar de entre los muertos»

17/04/2022

Con la Resurrección de Cristo queda definitivamente sellada la Victoria de la Vida sobre la Muerte y el pecado. Cristo ha vencido en la Cruz al Enemigo de Dios y de las almas. El demonio, Satanás, ha sido derrotado para toda la Eternidad.

Esta Victoria se terminará de consumar al Final de los Tiempos, cuando Jesús regrese por segunda vez a la Tierra y se lleve a cabo el Juicio Final. Ahora es el tiempo en el que cada ser humano debe elegir si acoger o no la Salvación de Cristo en su propia existencia.

Como Dios nos hizo libres, no nos puede imponer la Salvación. Por eso san Pablo nos habla de «completar en nuestra carne lo que le falta a la Pasión de Cristo». No porque la Redención de Cristo no fuera completa, sino porque ahora cada ser humano debe elegir si acogerla o no.

«Dios, que te creó sin ti, no te puede salvar sin ti», nos dice San Agustín. De cada uno de nosotros depende ahora que esa Salvación se complete en nuestras almas. Pero la garantía de que hay Vida Eterna la tenemos ya. La Resurrección de Cristo es la Promesa cumplida de Dios.